Al despertar encontré un blog lleno de mensajes que llevar a mi cama; ahora que son las doce y media, en la vida en Nicaragua. En este lapsus semionírico hemos visitado un casino en Costa Rica con un cielo de nubes encendidas donde he bailado salsa; he visto árboles con grandes flores amarillas y bugambillas naranjas y rosa pálido, y quercus elegantisima en un bosque de nebliselva; me refrescó la sonrisa una cascada de la reserva del Brujo; he escuchado leyendas sobre la Cegua, la mocuana o la Carretanagua en la noche de la reserva natural Tisey-Estanzuela, contemplando la coordillera de volcanes en la frontera con Honduras; he asistido a un concierto compartido de dos jóvenes artistas; me regalaron una rosa azul; nadé y me dejé llevar en un neumático sobre las aguas del cañón de Somoto y comí delicioso queso de cabra Nica entre sus paredes abiertas; asistimos a un homenaje a un general sandinista en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua; compramos fruta en el mercado de Sébaco; compramos chucherías como cajeta o pan con mermelada de melón (típico). Y recuerdo aún mi último peldaño antes de hoy: la nebliselva desperezándose; el desayuno, la comida y la cena, juntos compartiendo la dieta nicaraguense (jugo o café, frutas, frijoles, arroz, verduras...); la compañía de Aldo y Carla; las gentes de la comunidad de Venecia, los niños, los músicos... Yute, su padre y el olor dulzón del café desvestido; las niñas y sus vestidos blancos y las madres en sus casas, en el camino... Los más pequeños intercambiando infancia con Elena y conmigo; la fogata compartida; Glenda y Gretel, y Jairo, y el niño que se acordaba de mi nombre, por querer una pulsera hecha por mí, y regalarme además su compañía; los campesinos que cantaban las estaciones de su sueño; los jóvenes galanes deslumbrados ante un futuro de ciudad en blanco, sin negro. ¿Cómo puedo explicar todo esto? ¿cómo puedo saber lo que siento, tan pronto? En siete días, y 9, contando el embarque en esta "chunche". De momento sé que estoy aquí, tumbada, suspendida en la hamaca del rancho. De momento sé que he viajado.
miércoles, 27 de febrero de 2008
Al irme a la cama
Al despertar encontré un blog lleno de mensajes que llevar a mi cama; ahora que son las doce y media, en la vida en Nicaragua. En este lapsus semionírico hemos visitado un casino en Costa Rica con un cielo de nubes encendidas donde he bailado salsa; he visto árboles con grandes flores amarillas y bugambillas naranjas y rosa pálido, y quercus elegantisima en un bosque de nebliselva; me refrescó la sonrisa una cascada de la reserva del Brujo; he escuchado leyendas sobre la Cegua, la mocuana o la Carretanagua en la noche de la reserva natural Tisey-Estanzuela, contemplando la coordillera de volcanes en la frontera con Honduras; he asistido a un concierto compartido de dos jóvenes artistas; me regalaron una rosa azul; nadé y me dejé llevar en un neumático sobre las aguas del cañón de Somoto y comí delicioso queso de cabra Nica entre sus paredes abiertas; asistimos a un homenaje a un general sandinista en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua; compramos fruta en el mercado de Sébaco; compramos chucherías como cajeta o pan con mermelada de melón (típico). Y recuerdo aún mi último peldaño antes de hoy: la nebliselva desperezándose; el desayuno, la comida y la cena, juntos compartiendo la dieta nicaraguense (jugo o café, frutas, frijoles, arroz, verduras...); la compañía de Aldo y Carla; las gentes de la comunidad de Venecia, los niños, los músicos... Yute, su padre y el olor dulzón del café desvestido; las niñas y sus vestidos blancos y las madres en sus casas, en el camino... Los más pequeños intercambiando infancia con Elena y conmigo; la fogata compartida; Glenda y Gretel, y Jairo, y el niño que se acordaba de mi nombre, por querer una pulsera hecha por mí, y regalarme además su compañía; los campesinos que cantaban las estaciones de su sueño; los jóvenes galanes deslumbrados ante un futuro de ciudad en blanco, sin negro. ¿Cómo puedo explicar todo esto? ¿cómo puedo saber lo que siento, tan pronto? En siete días, y 9, contando el embarque en esta "chunche". De momento sé que estoy aquí, tumbada, suspendida en la hamaca del rancho. De momento sé que he viajado.
sábado, 9 de febrero de 2008
Dónde están mis maletas
La otra noche soñé, entre otras cosas, que había perdido mis maletas. Al despestar...
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